Y Roquerío. Que es mucho y lo más que me ha llegado este 2006. Una joya con la que me devolvió de Chile, en enero, mi amigo Iñigo Diaz. Ese que de tanto escuchar jazz no hace más que recomendarme nuevos valores del indie-folk, y a quien por cierto no puedo más que estarle profundamente agradecido.
Pinchen y esperen. Ahí viene Atenas 399
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